sábado, 27 de agosto de 2011

distancia


¿Recuerdas la escena de Tesis en que los protagonistas se ven el uno al otro a través de la música que escucha cada uno? Es igual que ahora, para mí suenas con la banda sonora de Azuloscurocasinegro, con la música dulce de Pascal Gaigne, y a juzgar por cómo sigues el ritmo de la música, yo estoy para tí envuelta en sonidos estridentes. Sonrío. Qué tontería acordarme de esto. Simplemente me ha venido a la cabeza como un flash. Te miro de nuevo, ajeno a todo lo que pienso. Y ya no sé si esto es amor, o deseo, o morbosa curiosidad, o simplemente, nada. Cierro los ojos un instante, sumergiéndome en la música tranquila. Pese a la mínima distancia física que nos separa, estás lejísimos. Al contrario que ellos en la película, nuestras dos visiones son un abismo infranqueable, mundos de desencuentros, universos paralelos que nunca podrán converger en un mísmo punto. Un tú y un yo que jamás serán un nosotros.

miércoles, 24 de agosto de 2011

tatuaje

Me encanta verte dormir. De espaldas, al otro lado de la cama. Todo un universo de sábanas me aleja de tí en este momento. La distancia que separa la vigilia del sueño. Deslizo un dedo por tu espalda, sigo por el hueco de tu cintura, hasta llegar a la curva de tus caderas. Recorro tu piel sobre las líneas del tatuaje, una multitud de pequeñas flores
de cerezo dibujadas, que se vierten suavemente sobre la almohada, deshaciéndose como copos de nieve en la niebla.

miércoles, 3 de agosto de 2011

diario


Ya que no soy capaz de ordenar mi cabeza, al menos voy a intentar ordenar mis cosas. Si no, sé que terminaré sepultada entre montones de trastos inútiles, que guardo sin ningún sentido. Ayer en el fondo del armario, entre muchos papeles, encontré un diario. Un diario de 1999. Me puse a releerlo. No debí hacerlo, me dí cuenta de que poco había cambiado en más de doce años. Pese a haber terminado el colegio, haber ido a la facultad, haber empezado otra etapa, mi vida personal sigue siendo un desastre, y el resto, mediocre. Los mísmos miedos, los mísmos complejos, la mísma angustia. La mísma falta de ilusión por nada. Los mísmos nubarrones negros sobre mí. Porque no he sido capaz de solucionar nada. En más de una maldita década. Nada. No recuerdo prácticamente ninguno de esos problemas triviales y cotidianos, pero al volver a leerlos, me han parecido iguales, tan insignificantes y absurdos como los de ahora. Igual de estúpidos. Sigo bloqueada en un punto de no retorno, con pánico a asomarme al abismo de un futuro incierto y con terror a echar la vista atrás. Perdida en el medio de ninguna parte. Deseando desde la sombra, un cambio que nunca me atreveré a provocar. Siempre he sido una cobarde. Casi no me acordaba de nada. Por eso fui rompiendo cada una de sus hojas tras leerlas, con las lágrimas asaltándome a traición, para no volver a recordarlo jamás.